¡Escúchame!
¡Escúchame!
No dejes que mis palabras
emigren hacia lados más calientes,
hacia otros besos, a otras bocas.
No dejes que mis manos
se acurruquen en otras pieles.
¡Escúchame!
Cuando en el susurro
más doliente, yo grite
pidiendo a voces
que llenes el vacío
dejado por tu cuerpo.
Escúchame
Ahora que la noche
se perdió para siempre.
Vuelve a decirme despacio
que me quieres.
Santiago Liberal
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